El negro púa enfrenta a 40 pendejos de una mara en plena navidad

diciembre 27, 2007 at 2:25 am (Blogs and Blooks, En autos, Si Evita viviera sería bloguera)

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De regreso.
Han sido días blogueros intensos, nos fuimos con muchos visitantes por el chiste de Birmajer – González, y el chofer correntino; amigos nuevos han comentado, saludado por las fiestas. Maguila ha puesto al comentarist@nonimo como link recomendado. Una exageración. Gracias. ¡Qué bueno que está el nuevo diseño del blog de Maguila!
Entran por los amigos o por google buscando humor, pero hoy sólo tenemos para ofrecer unas líneas que nos mandó el negro púa que estuvo recluído un par de días. Espero que no sea piantavotos pero no podemos traicionar nuestra política editorial: – para los anti blogs – sale con fritas.
Mañana, pasado, vuelve la acidez estomacal. Gracias.

Ya no cortan la calle, pero aun así la casa del gordo lujanera sigue siendo la más concurrida. Todos saben de mi salida, camino el barrio y si no voy a saludar al gordo se ofenderá de por vida. Algunos no saben, en la puerta hay un guacherío que ni se inmuta, te miran fijo, sostienen la mirada sin miedo. Me reconoce el bebé, hijo de luja, años atrás lo salve de que lo hicieran. Les dice que se aparten y nada más. Entramos, mientras vamos hacia el fondo, cuento a mi compañera de las maras, el hip hop y toda esa nueva forrada.
El gordo no está, se complica. Los maras brotan por todos lados, no hablan con los dedos como nosotros, bailan y tijeretean el aire. ¿Iliakuleaki?. Pregunto quién canta: Don Omar. ¿Omar Chabán? ¿Genovese? Nadie se ríe, los fastidio. Tienen remeras largas y abajo veintidós plateada, les encantan, les gusta mucho andar con esa mierda. Mi señora me arrastra con unos pasos de cumbia, la sigo, sin ganas.
Pero tengo la desgracia de escuchar todo, no me pierdo nada, aunque la música aturda. Alguien gritó:- ¡Dale viejo, movete la concha de tu madre!
Estos pibes no saben quién soy, quién fui. Lo que hice, lo que no.
-Vamos – le digo a mi esposa – acá se va a pudrir todo…y no voy a perder solo…

En otros lados se bailó y chupó bien. Ese no fue el problema, incluso se creyeron que me iba a ir a dormir. La bruja también.
Y ya de día y en la esquina del gordo luja, saqué el fierro y entré a tirar cuetazos para arriba. Vacié el cargador (hoy digo, qué boludo).
De lo del gordo luja no salió nadie.
Desde una ventana de una casa nueva me desearon: felicidades negro púa.
Sin balas, tropezado, regresé a la cama, pero al menos alguien me había reconocido.

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2 comentarios

  1. Maguila said,

    Excelente texto, me trajo a la memoria de inmediato un año nuevo de hace como 10 años, había tenido que acompañar a una mina a la villa de Suipacha y Perú (Mendoza) a comprar marihuana y conocí personajes idénticos, estuvimos dos horas en la villa, chupando termidor con seven-up en botellas de gaseosa sin el pico…supongo que si el primo de la mina no hubiese sido o el Negro Pua o algún otro poronga del lugar no salíamos. ME había olvidado por completo de esta anécdota hasta que leí este cuentito, hasta parece que hubieses estado ahí, sólo te faltó el olor a mierda de los caballos que tiran las carretas.
    Abrazo

  2. comentaristanonimo said,

    Maguila, el negro púa es un tiro al aire que se mete en cada lugares…
    Con respecto a lo de comprar marihuana me imagino que es para uso terapéutico…

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